Ajusto el ala de mi sombrero negro de ala ancha y observo el tablero político nacional a través de los cuadros blancos y negros de mi máscara. Hay jugadas que se anuncian desde la superficie — y otras que se gestan silenciosamente en las entrañas del poder.
La pregunta que muchos se hacen mirando hacia el horizonte del 2030 parece tener una sola respuesta si miramos hacia las bancadas tradicionales: el vacío.
El PRI y el PAN arrastran un desgaste histórico que les impide hoy plantarse como una alternativa sólida — mientras que las nuevas opciones que recién consiguieron registro ante el INE, como PAZ y Somos, tienen ante sí la dura prueba de conservar el registro en 2027 antes de aspirar a una contienda mayor.
La verdadera amenaza para el oficialismo no vendrá de los frentes de siempre. Vendrá de su propia sombra.
El termómetro de esta fractura está en el presente inmediato: la designación de las coordinaciones estatales rumbo a las 17 gubernaturas de 2027. El método de las encuestas — vendido durante años como el epítome de la democracia interna — hoy es visto por la militancia y los aspirantes desplazados como una caja negra de dedazos y acuerdos de cúpula. En plazas como Guerrero o Zacatecas el descontento ya no se esconde en los pasillos: se grita.
La dirigencia insiste en llamar a la unidad — pero un partido que creció devorando todo a su paso sin digerir corrientes hoy se indigesta con sus propias ambiciones.
A esa herida se le suma la tensión con los aliados. El distanciamiento evidente del Partido del Trabajo en los actos públicos no es un descuido de agenda: es un reclamo abierto por el reparto de cuotas y candidaturas — frente a un Partido Verde cada vez más inflado y territorialmente voraz. Si el Verde huele debilidad o decide que puede cotizarse mejor caminando por la libre — atrayendo incluso despojos del viejo régimen — y si el PT decide fracturar el voto para no desaparecer, Morena descubrirá que sus aliados eran, en realidad, mercenarios del pragmatismo.
Mientras tanto, en las zonas urbanas de la capital, Jalisco, Nuevo León, Querétaro y Guanajuato, Movimiento Ciudadano aguarda con la mesa servida — capitalizando la decepción de una clase media que apoyó la transformación y hoy solo atestigua opacidad e imposición.
La paradoja es implacable: el movimiento que prometió regenerar la vida pública corre el riesgo de ser devorado por las mismas viejas mañas que juró desterrar.
La oposición no siempre viste ropas distintas ni viene del otro lado de la trinchera; a menudo se forja en los rincones de la propia casa cuando los cimientos empiezan a crujir.

Jacques Mattes
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