En mis tiempos estudiantiles formales — porque sigo, o intento prepararme y actualizarme todos los días —, tuve la oportunidad de leer un libro del filósofo argentino Mario Bunge. Tenía un nombre como Filosofía y Matemáticas — que sé, era un compendio de lecturas del autor editado por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).
Lo que ese libro en específico me dejó fue algo que al día de hoy me sirve para discernir y tomar una postura específica: ¿qué es el humanismo?
Supongo que habrá muchas definiciones. Supongo, querido lector, que si te pregunto qué es para ti el humanismo, encontraremos respuestas variopintas.
Pero Bunge lo definió así — más o menos —: el humanismo es, o se trata de, utilizar la tecnología para mejorar la calidad de vida de los humanos.
¡Exacto, eureka, bingo!
El humanismo “Agatónico” (del griego agathos, que significa: bueno), según Bunge, es el que busca incrementar el alcance o desarrollo de la sociedad soportado por el despliegue tecnológico.
En términos prácticos, se trata de que las innovaciones nos permitan tener el tiempo de enfocar nuestras energías en actividades que enriquezcan nuestro desarrollo.
Bunge decía que:
- Tecnología como prótesis de la dignidad: si la innovación esclaviza el tiempo del hombre, entonces es anti-humanista. Pero si automatiza lo tedioso y libera el intelecto y la creatividad, estamos ante una expresión de humanismo moderno.
- Enfoque sistémico: el bienestar no se trata de “sentirse bien”, sino de tener acceso a sistemas de salud, educación y comunicación eficientes. La tecnología debe ser ese motor que escale esos sistemas de forma masiva.
- Humanismo tecnológico: es el diseño de herramientas con la finalidad de elevar la calidad de vida.
Ante la situación que vivimos en pleno 2026 y contando: estas tecnologías — y hablo en específico de la AI (Artificial Intelligence) o IA en español —, ¿está cumpliendo con las condiciones propuestas por Bunge?
Recordemos que los recursos son finitos. ¿La tecnología los está optimizando? ¿Estamos liberando tiempo, gracias a las optimizaciones de nuestra vida, vía las recientes innovaciones? ¿Estamos verdaderamente creando y ocupando espacios para desarrollarnos de forma cultural, filosófica y humana?
Estamos viviendo la instauración del paradigma de la Inteligencia Artificial — estamos ante la promesa del cambio, ante el rubicón — pero para mí, querido lector, hay muchas preguntas que resolver. Y la primera es realmente la que da sentido a este texto:
¿Estamos ante una tecnología que liberará nuestras capacidades humanas, creativas, sociales — o vamos justo en el sentido contrario?
EMET-MET GOLEM
Luis Martín Osorio
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