La salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República deja un panorama desolador: decenas de carpetas de investigación emblemáticas que, pese al ruido mediático y las promesas iniciales, nunca llegaron a una sentencia firme. Casos de alto impacto, desde el de Rosario Robles hasta el de Emilio Lozoya, pasando por los presuntos responsables del caso Ayotzinapa o los exgobernadores priistas acusados de corrupción, permanecen en un limbo procesal que ya no puede justificarse con la complejidad de las indagatorias ni con la supuesta “obstrucción” de los jueces. Simplemente no se terminaron.
El legado que recibe Godoy
Ese es el principal legado que recibe Ernestina Godoy: una institución que, durante el sexenio de López Obrador, priorizó la narrativa política sobre la efectividad penal. Se anunciaron detenciones espectaculares, se filtraron audios comprometedores y se habló de “golpes a la mafia del poder”, pero los expedientes siguen abiertos, los acusados en libertad condicional o en sus casas, y la percepción ciudadana es que la justicia selectiva terminó siendo, en muchos casos, justicia diferida indefinidamente.
El desafío real: técnica, ética y autonomía
El primer desafío de la nueva fiscal no es ideológico, es técnico y ético: cerrar o, cuando menos, avanzar de manera contundente esos expedientes que el gobierno anterior utilizó como bandera política pero no supo, O NO QUISO llevar al fondo. No se trata de reabrir vendettas ni de proteger a nadie por consigna; se trata de demostrar que la Fiscalía puede actuar con autonomía real y con resultados medibles.
La cercanía de Godoy con la presidenta Claudia Sheinbaum, y genera legítima suspicacia. Esa sospecha solo se disipará si los primeros meses de su gestión muestran decisiones incómodas para el propio bloque oficialista cuando los hechos lo ameriten, y si los casos heredados de Gertz avanzan sin dilación ni pretextos. Coordinación con la Secretaría de Seguridad y con el Poder Judicial sí, pero protección selectiva no.
El reloj ya corre
México no necesita otra fiscal que utilice el cargo como plataforma política o como escudo de impunidad disfrazada de “transformación”. Necesita una fiscal que termine lo que otros solo empezaron a medias. El reloj ya empezó a correr para Ernestina Godoy. La ciudadanía estará observando si los pendientes de Gertz se convierten, por fin, en justicia efectiva o si solo cambian de titular sin cambiar de destino.


