Nunca había pensado sobre la idea de levantarse con el pie izquierdo… hasta hace poco. Estaba nadando y, al salir de la piscina, pisé con el pie izquierdo. No es la forma normal de salir. Pero, por alguna razón, me apoyé diferente para impulsarme, y por lo tanto pisé con el pie izquierdo. Simplemente no sentí que fuera la manera natural, y ese pequeño evento se me quedó grabado.
Minutos después, se me metió en la cabeza la idea de que, si te levantas de la cama (o de algún lugar) con el pie izquierdo, tendrás mala suerte.
Pero entonces, ¿qué pasa con los zurdos? ¿Ellos pasarán toda la vida con mala suerte solo porque usan más ese pie? ¿Y los que se apellidan “Izquierdo”? ¿También están condenados al maleficio por su nombre?
La verdad es que todo esto suena a puro pedo. Pero, aunque no tenga sentido, mucha gente todavía le huye a empezar el día con el pie “equivocado”. ¿Será por costumbre?
¿Qué dice la ciencia? Estas creencias no tienen fundamento científico, pero persisten en la cultura popular y en los hábitos personales. Psicológicamente, si alguien cree que pisar con el pie izquierdo atrae la mala suerte, existe una predisposición a recordar solo lo que coincide con esa idea. Esto puede hacer que se preste atención únicamente a las cosas malas que ocurren después, ignorando todas las veces en las que no pasó nada.
De esta forma, la superstición se refuerza a sí misma, manteniéndose viva a través de la percepción selectiva.
Un rato después, se me olvidó por completo el evento de salir de la piscina, pero ya en la noche, la idea volvió a mi mente y me estaba taladrando.
Y fue cuando decidí investigar un poco. Recordé la película As Good As It Gets. Pensé: me estoy convirtiendo en el loco de Melvin (protagonizado por Jack Nicholson). Voy a empezar a lavarme las manos diez veces, voy a apagar y encender las luces de las habitaciones tres o cuatro veces…
La realidad: yo soy el que va por la casa apagando luces porque mis hijos se la pasan encendiendo todo a su paso y no apagan las luces. Y es cuando les grito: “C’est pas Versailles ici”.
De regreso a las supersticiones: de nunca pensar en eso, a estarme comiendo la cabeza a la 1 a. m., sin poder dormir. Me estoy haciendo viejo, y estoy pensando demasiado. ¿Me convertiré en un loco con pequeños rituales antes de entrar o salir de casa, o de una habitación? ¿O iré por la vida cuidándome de todo?
¿Empezaré a leer mi horóscopo para saber si me va a ir bien o mal en el día? ¿Cuáles van a ser mis números de la suerte?
Lo que me recuerda un viaje a Ciudad de México. En el avión viajaba Mizada Mohamed, quien no quería poner su bolsa de mano en los compartimentos superiores del avión. Su bolsa era de esas señoras bolsas de mano. Sí, esas que parecen más pañaleras.
Doña Mizada, o Doña Mohamed, no quiso mover su bolsa porque tenía que trabajar. Tenía que echar cartas, porque debía preparar los horóscopos que iba a dar en algún programa de TV.
Se armó un drama. No movió su pañalera —digo, su bolsa—. Se estaba peleando con la sobrecargo. La sobrecargo, ya enojada, dijo que la iban a bajar. Mizada se puso más agresiva y aventó un par de malas palabras. Un señor gritó: “¡Bajen a la bruja!” (risas de todos los pasajeros).
Mizada dijo algo que nadie entendió. Al final, la cambiaron a un asiento que no fuera salida de emergencia y pudimos despegar.
Todo esto fue antes de que las medidas de seguridad fueran estrictas. Si esto pasara hoy, a Mizada y al señor los habrían bajado inmediatamente.
En cuanto a los horóscopos, hace unos ayeres, viviendo en París, salí con una chica que trabajaba traduciendo horóscopos del español al francés. Usaban horóscopos ya hechos de una revista española, y ella los traducía para la versión francesa de la misma revista.
La verdad, no sé cómo obtuvo el trabajo. Ella no sabía muy bien francés, su nivel era muy básico, igual que el mio. Así que lo que hacía era pasarlos por Google Translate y luego les hacía correcciones. Pero la mayoría de las veces me pedía ayuda para que los horóscopos sonaran mejor. Así que ahí estábamos, una colombiana y un mexicano, escribiendo horóscopos en francés que no tenían nada que ver con la versión original en español.
Y después de todo esto… ¿qué rayos estoy haciendo a la 1 de la mañana, pensando en supersticiones?
Traducción – “C’est pas Versailles ici”. Frase utilizada por padres franceses para dar a entender que la electricidad es cara. Esta expresión refleja una crítica a la monarquía, ya que la iluminación con velas era un lujo reservado para la nobleza.
Se cuenta que las velas se cambiaban cada vez que María Antonieta entraba a una habitación del Palacio de Versalles. Además, en Versalles se debía ver y reflejar la opulencia; tenían que demostrar su superioridad frente a las demás cortes europeas.
Para las familias que viven en Versalles, pero no en el Palacio, los padres suelen usar otra frase: “Je travaille pas chez EDF” —que se traduce como “no trabajo en la compañía eléctrica de Francia”. En México sería algo como. No trabajo para la CFE…


