No hay sorpresas en estos días pasados en el ambiente político. Ya casi llegan los nuevos aranceles del 2 de abril; las mujeres morenistas gritan a coro a Cuauhtémoc Blanco “no estas solo”… la presidenta sigue inventando excusas, culpando a la “oposición” de todos los males de su gobierno y el de su antecesor… bla, bla, bla….
La realidad parece ser cada vez mas fea. Más difícil de aceptar. Mi generación se niega a envejecer, se niega a madurar y tomar responsabilidad de sus acciones. Y las generaciones que nos preceden ya están totalmente ciegas. Solo ven a través del lente de su celular. Lo importante es salir bien en cámara como si no tuvieran otro talento más que ofrecer.
Cirugías, mascarillas, maquillajes y otros vudús para la belleza se han vuelto populares hasta en los hombres (heterosexuales).
Saber, crecer, construir, crear… ya todo ha sido sustituido por simplemente ser y estar. Tener por tener, sin importar si los medios son legales o morales. El mantenimiento personal, la auto difusión y el masaje constante del ego siempre han sido caros.
Por todo lo anterior no me sorprende que la cultura del narco haya ganado. Que la masa se excite casi al orgasmo por ver en su concierto una proyección enorme de un capo.
Dicho sea de paso, todo lo anterior también explica el loco éxito de la “estética Ghibli” en la generación de imágenes con inteligencia artificial, todo lo que filtra lo hace bonito, simpático, agradable a la vista… no importa que se trate de ti o de la “ministra burra”… todos quieren una cirugía gratuita que oculte su fealdad exterior… porque para la interior, para la conciencia tranquila… para todo lo demás, no existe Mastercard.