Hitos globales y regionales
El 2025 ha sido un año de contrastes en el mercado laboral mexicano. Por un lado, el país ha alcanzado hitos destacables: una tasa de desempleo abierta de 2.7% al cierre de noviembre (según datos del INEGI), lo que lo posiciona como el segundo país con la menor desocupación a nivel mundial, solo por detrás de Japón (que registró 2.6% en el mismo periodo). Esta afirmación, compartida por la presidenta Claudia Sheinbaum, se basa en comparativos internacionales (como los de la OCDE) y supera a economías desarrolladas como Alemania (3.8%), Países Bajos (4.0%), Australia (4.3%) y Estados Unidos (alrededor de 4.6%).
Los datos son correctos: la tasa de 2.7% en noviembre de 2025 representa un leve aumento respecto al 2.6% de octubre y noviembre de 2024, pero se mantiene históricamente baja. Este resultado refleja políticas como el aumento al salario mínimo, la inversión pública y el fortalecimiento del mercado interno, que han impulsado la generación de empleo y reducido la pobreza extrema por ingresos de 14.0% en 2018 a 9.3% en 2024 (según CONEVAL e INEGI). Además, México destaca en la región con la menor tasa de desempleo juvenil en Latinoamérica (5.9%, según la OIT), muy por debajo de países como Uruguay (28.1%) o Costa Rica (23.3%).
La sombra de la informalidad
Sin embargo, estos avances no deben ocultar las limitaciones estructurales del modelo. La tasa de informalidad ronda el 54.8%, afectando a más de 32 millones de personas, y las condiciones críticas de ocupación (empleos con ingresos o jornadas inadecuadas) alcanzaron el 37.5% en noviembre. El ingreso laboral real per cápita mostró estancamiento o leves caídas, y la pobreza laboral (hogares cuyo ingreso no cubre la canasta alimentaria) se redujo al 34.3% en el tercer trimestre de 2025 (según BBVA México e INEGI), pero persiste alta en zonas rurales (alrededor del 48.4%). Estos indicadores muestran que el bajo desempleo se logra en parte, por la alta informalidad y la subocupación, no necesariamente por empleos de calidad.
Crecimiento moderado y dependencia social
La reducción de la pobreza extrema y laboral se explica por el crecimiento de ingresos laborales y transferencias sociales, con impactos más pronunciados en el sur del país pese a la pandemia y la inflación. No obstante, el crecimiento económico ha sido moderado (alrededor de 0.7% en el primer semestre), y la dependencia de la informalidad limita la sostenibilidad.
La hoja de ruta necesaria
Para avanzar y consolidar estos logros, México requiere acciones concretas:
• Fortalecer la formalización laboral: Incentivar la transición de empleos informales a formales mediante simplificación de trámites, incentivos fiscales para PYMES y mayor fiscalización, reduciendo la brecha entre el sector formal (mejores ingresos y prestaciones) e informal.
• Impulsar la productividad y el empleo de calidad: Invertir en capacitación técnica y educación dual, especialmente para jóvenes, y promover sectores de alto valor agregado (como nearshoring en manufactura y tecnología).
• Desarrollar un equilibrio regional: Dirigir inversión pública y privada al sur-sureste para generar oportunidades inclusivas y reducir desigualdades territoriales.
• Monitorear y ajustar políticas: Continuar con aumentos salariales reales, pero vinculándolos a productividad para evitar presiones inflacionarias. Además, fortalecer indicadores de calidad del empleo (como subocupación y condiciones críticas) en la agenda pública.
De las cifras al bienestar real
México ha demostrado resiliencia en 2025, pero el verdadero éxito será pasar de un mercado laboral con bajo desempleo a uno con empleos dignos, formales y bien remunerados. La transformación debe profundizarse para que los avances no queden en cifras, sino en bienestar real para millones de familias.


