Cuando las cosas están tranquilas ser líder es sencillo. Pero cuando las crisis nos abordan sin darnos tregua, el liderazgo se convierte en la prueba de fuego. Y no todos los que dicen serlo o se sienten líderes, tienen la capacidad real para serlo, aquí es donde se revela nuestra verdadera naturaleza.
Ser un líder éticamente responsable no significa ser perfectos, significa que somos responsables del compromiso que adquirimos cuando declaramos que queremos ser agentes de cambio sociales. En mi caso, el servicio público. Estar en esta posición implica tomar decisiones difíciles sin traicionar nuestros principios y valores. Significa decir la verdad por la responsabilidad adquirida.
Esto implica que quizá no siempre ganarás en la popularidad o en las encuestas pero si en la confianza y en momentos como los que vivimos en la actualidad no hay moneda con más valor que ser así.
En mis 25 años de servicio a la comunidad he visto en muchas ocasiones lo que pasa cuando se pierde la brújula, cuando el “supuesto” liderazgo mengua y se confunde con egolatría y con ello los he visto improvisar, prometer, mentir, manipular con tal de que no sea señalado su compromiso real con la comunidad. Pero también he visto a los que han actuado con compromiso y respeto, y en esos casos se gana el respeto, se contagia, se inspira y uno se convierte en una persona con mayor integridad.
Cuando el poder se practica sin la ética, no se está ejerciendo liderazgo, se está ejecutando un abuso. Me queda claro que tantos años de la falta de liderazgo en todos los niveles ha llevado a la sociedad y sus comunidades a retirar la confianza en los gobiernos y sus elementos. Las comunidades quieren resultados, quieren que se sienta la calidad de vida que prometen la mayoría.
Es hora de demostrar mayor liderazgo, es hora de demostrar liderazgos creativos, innovadores. La coherencia debe de ser la principal muestra de liderazgos con ética. Hay que dejar de lado el cinismo disfrazado de preocupación.
Estamos bajo una tormenta y los líderes con ética son los faros que nos guían para salvaguardarnos. Y una vez que pase el vendaval, recordaremos esa luz que genuinamente nos guió. Eso se queda, se recuerda, se respeta.
Recuerda: Vivir para Servir.


