Recuerdo una conversación de adultos en un evento elegante mientras era tan solo un niño. Aquella conversación trataba sobre la relación que solían tener las familias italianas que se protegían entre sí en la isla siciliana y cómo estas relaciones evolucionaron en el siglo pasado.
A pesar de no entender del todo la conversación, comprendí que el hombre valía por su palabra, actuar con honorabilidad era la forma en que se basa la confianza y el respeto. Podrían existir dificultades, pero la palabra desconoce de relatividad.
Las grandes fortunas se basan en la confianza, respeto y palabra como resultado de la esencia del ser, escuché en el fondo de la conversación. Este concepto fue evolucionando a través del tiempo, ya que la fortuna no sólo se trata de dinero, sino de la capacidad que tiene el ser humano de expandir su esencia a partir de la congruencia entre la palabra y la acción.
La sociedad moderna pareciera que cada vez se aleja de aquellas épocas donde le da espacio a la relatividad, donde las consecuencias son escasas, incluso nulas por no ser congruente entre la palabra y la acción. Una sociedad que está condenada a fallarse a sí misma, como el reflejo de la impotencia, frustración, enojo y hartazgo en un caminar que pareciera no tener fin o una salida.
La dificultad y la carencia de valores donde el sistema toma más terreno de forma sigilosa no es justificación, pues el fallo no es al sistema sino hacia uno mismo. Una idea que pareciera no tener comprensión ni significado, donde el abandono de la palabra es responsable y protagonista de una vida basta en carencia, miedo, tristeza y decepción.
Una vida llena de estas características, no sólo son la principal consecuencia de tener una palabra relativa en la vida, sino el resultado de la percepción y proyección de sí mismo. Como haces una cosa, haces todo decían desde la era estoica y en la era moderna, y si, es verdad.
Observar el trato a si mismo a través de la palabra es sin duda un gran filtro para decidir quiénes estarán a tu lado tanto en tu vida personal y profesional. No esperes resultados distintos cuando el trato base es relativo.
Te pregunto…
¿Quiénes somos si fallamos con nuestra palabra?, ¿en quién nos convertimos?
Puedo asegurarte que solamente seríamos una versión ausente de la que distingue nuestra esencia, la verdad.


