Últimamente se vuelven más populares términos que ni entendemos, pero si aplicamos de forma indiscriminada.
Y en México somos expertos en “comunicarnos” mediante lenguaje clasista, “machista”, racista y casi todo lo que termine en “ista”.
Muestra de ello es, el surgimiento del término “whitexican” para referirnos a un grupo de población en México con características especificas: blancos, ojo azul (verde o gris) con una buena posicion económica, capaces de vivir con lo que para la mayoría representa lujo y ostento, los “weros” pues.
Y entonces, comenzamos a generar divisiones de las cuales después nos quejamos. Porque se convierte en “ellos” y “nosotros”.
Lo mismo da, si eres del centro o sur del país, para quienes son del norte, todos los demás somos “del sur”.
En fin, pues, resulta que ahora se habla de un término peyorativo para señalar a quienes por diversas circunstancias se encuentran sin pareja, sentimental o sexual de forma involuntaria, o sea, ellos si quieren, pero nadie quiere con ellos. Al menos eso es lo que dicen los demás, y por eso los señalan de CÉLIBES INVOLUNTARIOS, es decir, INCELS.
La cuestión aquí no es investigar las causas como tal, sino la forma tan a la ligera en la cual aplicamos éste tipo de lenguaje principalmente enfocado a los hombres -como si en el caso de las mujeres no ocurriera- sin darnos cuenta de que la misma sociedad contemporánea llena de discursos inclusivos es la que en la realidad, excluye, discrimina.
Casos como el de la reciente serie ADOLESCENCIA, nos presenta la probabilidad de situaciones reales llevadas a la ficción, con un sin fin de lecturas entre líneas.
Por ello creo que, debemos asumir nuestra responsabilidad a la hora de utilizar el lenguaje como medio de comunicación, reflexionar ente una realidad que nos grita a todas luces que violencia es violencia, sin importar si la produce un hombre o una mujer.
Y sobre todo, pensar si eso que decimos, realmente es lo que creemos. Darnos cuenta de que podemos frenar y prevenir un daño a veces irreparable en la psique de quienes nos rodean, principalmente, una generación de Adolescentes carentes de figuras a quienes quieran imitar, y que tengan un efecto positivo en sus vidas. Alguien a quién admirar.
Y sobre todo, a quienes somos padres, pensar en los futuros hombres que estamos formando en casa.
Educar no es fácil, pero merece totalmente la pena.
¿Qué opinas?
Me gustaría saber lo que piensas al respecto y si en algún momento habías reflexionado en ello.