En un estado como Nuevo León, donde las finanzas públicas ya crujen bajo el peso de deudas y promesas incumplidas, el gobernador Samuel García Sepúlveda nos vendió el sueño de un FanFest para el Mundial 2026 que rompería récords: 40 días de fiesta en el Parque Fundidora, con 120 mil asistentes diarios, atrayendo turistas y gloria internacional.
Pero, como reza la columna M.A.Kiavelo en El Norte, el asunto está “de la patada”.
A cinco meses del arranque, no hay patrocinadores, ni calendario, ni ilusión.
Lo que sí hay es una papa caliente en manos de Bernardo Bichara, presidente del Parque Fundidora, quien negocia con FIFA Monterrey un financiamiento que huele a carga total para el erario estatal.
¿Otro capricho naranja que pagaremos los neoleoneses?
Expectativas infladas y realidad desinflada
Recordemos el contexto: tras el sorteo de la FIFA, a Monterrey le tocaron selecciones de segundo y tercer nivel, desinflando cualquier expectativa de multitudes y récords.
El gobierno estatal, en su afán por brillar, prometió un evento masivo, pero ahora analiza recortarlo y hasta moverlo a un sitio más modesto.
Alejandro Hutt, de FIFA Monterrey, juró un esquema financiero con sponsors para finales de enero, pero el balón no rueda.
Fuentes cercanas aseguran que la FIFA quiere que el estado cargue con todo, un escenario que ha puesto el grito en el cielo en Palacio de Cantera.
¿Por qué? Porque las finanzas estatales están decaídas, y agregar un evento “desangelado” solo engrosaría la lista de despilfarros, como aquellos MacroFest que tanto extrañan algunos, pero que dejaron huecos en las arcas públicas.
El costo real de la fiesta
Para dimensionar el riesgo, investiguemos los costos estimados de un evento así.
Basado en experiencias previas de FanFests en Copas del Mundo, el gasto diario puede rondar el millón de dólares por día en ciudades anfitrionas, cubriendo seguridad, entretenimiento, pantallas gigantes, logística y mantenimiento.
Para un plan inicial de 40 días con 120 mil asistentes diarios, eso implicaría al menos 40 millones de dólares (alrededor de 800 millones de pesos al tipo de cambio actual), sin contar inflación o extras como artistas invitados, que García Sepúlveda ha mencionado para “animar” el ambiente.
En Vancouver, por ejemplo, un FanFest modesto de un mes costó cerca de un millón de dólares en total, pero era de escala menor. Aquí, con ambiciones de récord, el presupuesto podría escalar fácilmente a 50–60 millones de dólares si se incluye infraestructura temporal, como escenarios y zonas VIP —que, por cierto, en Monterrey se promocionan como gratuitas en general, pero con áreas pagadas que podrían no compensar el desembolso.
El golpe a las finanzas públicas
En México, las estimaciones para el Mundial en su conjunto son alarmantes: la Coparmex calcula inversiones superiores a 8 mil millones de dólares en infraestructura para las tres sedes (CDMX, Guadalajara y Monterrey), incluyendo transporte y estadios.
Para Nuevo León específicamente, aunque no hay cifras oficiales del FanFest, el estado ya invierte 500 millones de pesosen rehabilitar plazas y canchas para que se viva la Fiesta Mundialista.
Si la FIFA no pone sponsors y el estado asume todo, ¿de dónde saldrá el dinero?
Probablemente de más deuda o recortes en salud, educación o seguridad, prioridades que el gobernador parece olvidar en su carrera presidencial.
Un patrón que se repite
Este no es solo un tropiezo logístico; es un patrón.
El gobernador nos acostumbra a promesas fallidas: desde teslas que no llegan, carreteras no concluidas, metros construidos a la carrera afectando obras ya realizadas, hasta eventos grandiosos que se desinflan.
El FanFest podría unirse a esa lista, convirtiéndose en un monumento al derroche en vez de un legado futbolero.
En lugar de cargar al erario con un festival menguante, urge transparencia: publiquen el presupuesto real, busquen sponsors genuinos y ajusten expectativas.
Los neoleoneses merecemos goles, no goles en contra de nuestras finanzas.
Si no, mejor que el balón se quede quieto antes de que nos cueste un mundial de deudas.


