InicioEditorialColumnas y EditorialesBlack Mirror: capítulo Ring Royale en la Nueva Roma, NL

Black Mirror: capítulo Ring Royale en la Nueva Roma, NL

Ayer fui uno de los millones de personas que vimos el evento “Ring Royale” celebrado en la Arena Monterrey. No sabía mucho del evento. Identificaba a un par de los participantes. ¿Por qué pasé cuatro o cinco horas acostado viendo esto? No lo sé. Simplemente me dejé llevar porque sabía exactamente qué recibiría.

Viendo el show me sentí en un capítulo de la serie “Black Mirror” (2011 Gran Bretaña / 2016 Netflix). La serie explora de forma caleidoscópica la relación entre la humanidad y la tecnología, haciendo énfasis en la amplificación de nuestros vicios y virtudes.

Hace diez años la serie tenía una fuerte dosis de “plausibilidad”; hoy estamos tan cerca de muchas de esas situaciones. Y lo de ayer con Ring Royale me hizo sentirme parte de un coliseo romano.

Fusionaron a representantes de la música, del deporte y del entretenimiento. Era una especie de carnaval con máscaras donde, curiosamente, todos querían ver el rostro real debajo. Su productor y director creativo, Poncho de Nigris —extraño icono del entretenimiento en México— se llevó el reconocimiento porque hizo un evento que nadie quería pero que todos disfrutaron.

Pero, ¿qué vimos ayer? Vimos la reinterpretación de los códigos del mainstream digital. ¿Vimos la forma desenvolviéndose y convirtiéndose en fondo? Vimos a los llamados “influencers” haciendo deporte; uno, por cierto, muy arraigado en nuestro país.

¿Estos eventos están destruyendo el boxeo profesional? Preguntaron en un podcast a Juan Manuel Márquez. Honestamente no lo creo. El que sabe de boxeadores mexicanos también reconoce que esto puede ayudar a que regrese esa época dorada que terminó cuando apareció el Canelo Álvarez.

No hay mal que por bien no venga, dice el dicho, y estoy de acuerdo. Este Black Mirror, que sugiere su nombre a través del momento en que nuestras pantallas de teléfonos están apagadas y nos devuelven el reflejo de lo que somos antes de encenderse, nos vuelve a recordar que estamos interactuando con una realidad sin contextos.

Ver a personajes del entretenimiento digital siendo “real” es la apuesta. Verlos sudar, caer, verlos maldecir… parece más efectivo y honesto que una ceremonia de los premios de la Academia o el Estado de Derecho en países latinoamericanos.

Al final, Ring Royale no es ningún problema: es el síntoma de una época donde la autenticidad que se percibe vale más que el valor real. Poncho de Nigris capitalizó una idea que entretuvo y que generó conversaciones globales.

Ayer quedó inaugurado oficialmente el nuevo Coliseo en la Roma norteña, donde se celebra con carne asada y cerveza tanto las tragedias como las grandes victorias sociales.

Entonces ocurrió algo que ningún guionista habría escrito mejor.

Al finalizar la última batalla, la ganadora del combate, Marcela Mistral, se quedó pasmada cuando anunciaron su triunfo. Clavó su mirada al piso y sus ojos brillaron. La conductora del evento le preguntó qué sentía y ella respondió: “nunca he ganado nada en la vida”…

Ese fue el momento de mayor fuerza narrativa. Millones de personas viendo el evento, reconociendo como “triunfadores digitales” a todos los participantes; pero para los ganadores, quienes sus manos fueron alzadas, la narrativa fue otra. Eran ellas y ellos reflejados en la pantalla negra. En el Black Mirror. Percibiéndose humanos, vulnerables. Lejos de la parafernalia de los comentarios y los “en vivo”…

El evento terminó y al instante ya era historia. Para los triunfadores, no pudo ser una “story”, bajaron del ring siendo otros… los de antes, los originales. El negocio en esta vida es ser humano.

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