Ángel perdido

Seguramente has escuchado a hablar a personas que se refieren a otras como ángeles utilizando expresiones como «Ay no, de verdad que es un ángel». Tal vez porque han tenido una actuación especial como mensajeros en sus vidas de forma favorable para consolar, defender de la injusticia, inspirar, o simplemente recordar lo que somos y de dónde venimos para dar sentido a nuestra vida a través de la luz. 

O bien, una actuación especial en nuestras vidas de forma que causa confusión, ruido o miedo… la ausencia de luz que se disfraza de ella. Pero ¿Cómo los distinguimos? te estarás preguntando…

Aquel mensaje que te llene de paz, armonía y sabiduría es la señal perfecta para identificar que viene de tu esencia, la luz. Por lo que, si sientes lo opuesto, sabemos que viene de la ausencia… aunque seguimos siendo libres de escuchar y darle vida a ambos.  

Llegamos a referirnos a las personas de esta forma porque actuamos como verdaderos mensajeros, aquello que define en griego «angelos», un mensajero. Aunque si nos vamos a su verdadero origen,parece que el ser humano es diferente de ser un auténtico ángel.

¿Por qué?

Ser un ángel no es su función, sino su naturaleza pues son espíritus puros, dotados de inteligencia y voluntad, creados antes del mundo visible, siendo inmortales, poderosos, perfectos, gloriosos para adorar al creador. 

Si alguna vez te cruzas con alguien cuya presencia inexplicablemente te lleva a la paz, cuya mirada despierta al ser mejor, cuya vida parece ser una bendición que no se jacta, es sin duda la presencia o el actuar de un ángel auténtico. 

Aunque haya varias diferencias entre un ser humano y un ángel en esencia y podamos referirnos como tales entre los unos y los otros; no hay duda que, estos pueden actuar a través de nosotros, incluso que tengamos experiencias con ellos en los tiempos perfectos de acuerdo a la experiencia, pues solos nunca estamos. 

Así, cuando te encuentres frente a uno de ellos dejando sensaciones que te lleven a recordar tu auténtica identidad, no dudes de su poder y déjalo expresar, pues puede ser el ángel perdido que no le has escuchado.

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