Alma e IlmA, ¿con cuál te quedas?
La primera es con la que nacemos. La segunda, la ausencia de personalidad creadora, ejecutada por una Inteligencia más Artificial.
Tengo días reflexionando sobre el impacto inminente y totalmente real de la inteligencia artificial. Desde mi trinchera —la creatividad y el arte— las sensaciones son encontradas: hay días en que siento que todo está hecho y otros en los que defiendo con fuerza mi papel como creador.
Hace poco, hablaba con un amigo sobre su nuevo proyecto musical. Me compartió algo de su obra y lo que buscaba explorar. Colgamos y pensé en cómo los artistas están trabajando con esta herramienta tan poderosa. Mis conclusiones fueron éstas:
- El talento natural se produce por el ejercicio constante de la creatividad. Nunca será sustituido por una máquina. Si no ejercitas tu cerebro, no habrá desarrollo creativo ni innovación.
- Dentro de lo artístico, la IA es superflua porque carece de alma, del espíritu humano. Un espíritu creativo discierne, cura, siente y proyecta ideas llenas de vida, con los claroscuros que nos hacen sentir vivos.
- La IA asiste, no crea. Sin ser, no hay estar. Y “estar” sin esencia solo te convierte en un prompt mal redactado.
- Me recuerda a la ola de los smartphones con sus súper cámaras. Ninguna persona sin preparación ni sensibilidad ha logrado que sus 4K retraten la vida como debe ser. Simulamos sin disimular que no nos importa la simulación. El verdadero virus es la dopamina: nuestra gran pandemia.
- La política del arte es respetar lo humano. Un artista comprometido sabrá usar estas herramientas para catapultar su proceso, no para reemplazarlo.
- Hay una voracidad comercial: empresas ofreciendo “creaciones” de libros, música, arte, visuales. Todo está bien, pero su esencia ya está sentenciada. En poco tiempo aprendimos la diferencia. Y donde importa de verdad… no pasará nada.
- ¿Nos aventuraremos a hablar en el futuro del ARTE y del arte bastardo?


