Prospectiva política · Política 101
Fata Morgana
Lo que se ve en el horizonte…
El Motor — lo que es real
El presupuesto que México acaba de entregar calcula el año entero con el crudo a 61.8 dólares por barril y una plataforma de 1.8 millones de barriles diarios, y el mismo día en que se detallaba ese cálculo la mezcla mexicana a 100 dólares lo dejó fuera de escala, empujada por una guerra en el estrecho de Ormuz que no se decide en México.
Dos lecturas posibles
Escenario A
Es un colchón, no un boquete
La lectura más plausible es también la más aburrida, y tiene toda la arquitectura del paquete a favor. Un presupuesto se calcula con un precio conservador precisamente para que un choque como el de esta semana produzca excedente y no faltante: con el mercado cerca de cuarenta dólares arriba del supuesto, cada barril exportado entra por encima de lo presupuestado. Y el resto del diseño apunta en la misma dirección: los ingresos adicionales que el paquete promete —140 mil millones de pesos por los cambios al Impuesto Sobre la Renta y el combate a la elusión— no salen del petróleo, salen de fiscalizar a quien hoy no paga. La Presidenta garantizó que no habrá impuestos nuevos ni más deuda, y el secretario de Hacienda declaró que el objetivo del plan es preservar la calificación crediticia del país. Nada de eso depende del barril. Un presupuesto que se calcula cerca de cuarenta dólares por debajo del mercado no está equivocado: está diciendo, sin decirlo, que ya dejó de contar con el petróleo para sostener el gasto.
Las ocho calificadoras que evalúan a México mantienen el grado de inversión, y la inflación de agosto cerró en 3.26 por ciento anual, dentro del rango objetivo del Banco de México. Un excedente petrolero no cambia esa fotografía; la vuelve más cómoda.
Escenario B
No es el ingreso: es la promesa
¿Y si el problema no fuera lo que el barril caro le da al presupuesto, sino lo que lo obliga a gastar? La misma semana en que se entregó el paquete, la Presidenta descartó gasolinazos y garantizó que en 2027 se mantienen los estímulos fiscales a gasolinas y diésel. Ese estímulo no es un subsidio con partida propia: es una resta al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios. Cuando el precio internacional sube, el Gobierno ensancha el estímulo para que el precio en la bomba no se mueva —es decir, cobra menos IEPS—. El instrumento funciona, pero tiene piso: una vez que el impuesto se condona por completo, no queda nada que restar y el precio en la bomba se mueve solo. Bajo esta lectura, el riesgo no es un hueco de ingresos sino una promesa que se sostiene más allá del punto en que era barata, en el año en que acaba de arrancar el proceso electoral con diecisiete gubernaturas en juego. Y el dinero que la cubre sale del mismo bolsillo que el paquete pasó tres días explicando que iba a llenar fiscalizando empresas.
El acuerdo semanal de estímulos al IEPS que publica Hacienda: si el estímulo a la gasolina Magna se acerca al tope, el instrumento se está agotando. Y si al dictaminar la Ley de Ingresos en octubre la Cámara de Diputados ajusta el supuesto de 61.8 dólares o lo deja como venía: dejarlo intacto con el mercado arriba de 95 sería una decisión, no un descuido.
Ruptura
El precio sube y el ingreso no llega
Hay una salida que reordena el tablero antes de que A o B maduren, y no está en el precio: está en el volumen. Los 1.8 millones de barriles diarios que supone el presupuesto no son un dato, son una condición — el propio documento la sujeta al Plan Estratégico de Pemex 2025-2035, a la estabilización de campos maduros, al desarrollo de nuevos yacimientos y al fortalecimiento de la inversión en exploración y producción mediante esquemas mixtos. Si esa plataforma no se cumple, un barril a 100 dólares puede rendir menos que un barril a 61.8 con la producción completa, y la diferencia no aparecería en ningún titular, porque el titular es el precio y nunca el volumen. La consecuencia sería política antes que contable: un año entero de portadas anunciando el petróleo más caro de la década, y una pregunta que ningún gobierno contesta bien en año electoral — si está tan caro, dónde está el dinero. Un excedente que no llega es más difícil de explicar que un faltante previsto, porque nadie lo presupuestó y todo el mundo lo dio por hecho.
Que Pemex reporte una plataforma de producción por debajo de los 1.8 millones de barriles diarios que supone el presupuesto, mientras el Brent se sostiene por encima de los 95 dólares. Ahí el precio deja de ser una buena noticia y pasa a ser la medida exacta de lo que no se extrajo.
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