Política 101 · Editorial del día
Panóptico
El impuesto de paso: ya nadie prohíbe nada, todos cobran la entrada.
Nvidia pagó casi trece mil millones de dólares por el estante donde el mundo guardaba los modelos abiertos que servían para no depender de Nvidia. El Tesoro estadounidense no prohibió que una universidad considere la raza: le quitó la deducción a quien le done. Y México no subirá el IEPS de las gasolinas: lo va a rastrear de la aduana a la bomba, mientras frena el alza a refrescos y embutidos que recaudaría doce mil millones. En los tres casos la orden es la misma y ninguna se parece a una prohibición: quien controla la puerta cobra por cruzarla.
Del otro lado están los que ya no controlan ninguna. El banco central holandés sacó ochenta y seis toneladas de oro de Estados Unidos y lo explicó con dos palabras: inquietud geopolítica. México exportó en julio más que nunca, sesenta mil quinientos cincuenta millones de dólares, y el mismo día protestó porque Estados Unidos mandó a casi tres mil mexicanos a Guatemala en vez de a su país. Récord y protesta caben en la misma jornada porque miden cosas distintas: cuánto produce un país y cuánto decide.
Producir mucho y decidir poco no es una contradicción: es la descripción del puesto.
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