Política 101 · Editorial del día
Panóptico
Nadie firmó nada, y todos se comportan como si hubiera contrato.
Un mes sin disparos en Ormuz no era una tregua: no había papel. Bastó un ataque para que el barril lo recordara y cerrara arriba de noventa dólares. La neutralidad estadounidense sobre las Malvinas tampoco era un compromiso: era una posición «entre muchas», revisable si Londres no gasta el cinco por ciento de su PIB en defensa. Y la reactivación del acueducto que Nuevo León celebró la semana pasada no existe en ningún expediente: Conagua no ha recibido una sola solicitud.
Del otro lado ocurre lo contrario. México redujo un veintiuno por ciento sus compras a países sin tratado sin que nadie se lo ordenara por escrito. Mil millones de dólares sin dueño conocido ya están colocados en las elecciones que definirán al Congreso estadounidense. Y en Zacatecas, el decimoséptimo coche bomba en dos años consiguió lo que ninguna orden habría logrado: cerrar una comandancia y suspender las clases de un municipio.
Lo que no está firmado gobierna igual, y con menos costo. Un acuerdo obliga a quien lo firma; una expectativa obliga a todos y no obliga a nadie.
Conviene revisar de qué papeles depende uno, y cuántos existen.
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