Hay verdades que la clase política prefiere mantener en las sombras, ocultas bajo el espeso maquillaje de la retórica y las promesas vacías. Pero cuando despojamos a la historia de sus discursos y nos quedamos únicamente con la fría y cruda anatomía de los datos, el diagnóstico es innegable.
Hoy ponemos bajo el microscopio al Partido Revolucionario Institucional. Lo que alguna vez fue el Leviatán de la política mexicana, hoy es un paciente en etapa terminal. Y bajo la dirigencia de Alejandro “Alito” Moreno, lo que presenciamos no es una estrategia de rescate, sino la aceleración matemática de una lenta agonía.
I. De la Hegemonía a la Metástasis Institucional (1929–2000)
Para entender la magnitud del colapso, primero hay que dimensionar al gigante. Durante 71 años, el PRI no fue un partido; fue el Estado mismo. Orquestó el “Milagro Mexicano” (1940–1970) con un crecimiento económico sostenido, sí, pero a costa de instalar lo que Giovanni Sartori clasificaría como un sistema de partido hegemónico. Tenían el control absoluto: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, todas las gobernaturas y un férreo control corporativista.
¿En qué momento la estabilidad mutó en “cáncer”? La década de los setenta marcó el inicio de la sintomatología. La crisis de deuda de 1982, las oscuras caídas del sistema en 1988, la represión de Estado y las privatizaciones opacas de los noventa resquebrajaron el mito. Mario Vargas Llosa lo definió con precisión quirúrgica en 1990: “La dictadura perfecta”.
El legado de esa era se sostiene en dos pilares fácticos que hoy nos siguen pasando factura:
- La Corrupción Sistémica: El Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional muestra que en la era tardía del PRI (2001), México promediaba 37 puntos sobre 100. Hoy, en 2025, ronda los 27 puntos. El estigma de corrupción endémica — desde Pemex hasta el desfile de gobernadores procesados — es una herencia genética del viejo sistema.
- La Fábrica de Pobreza: Los datos del CONEVAL son implacables. Entre 2010 y 2014, la pobreza estructural rondaba el 55% de la población — más de 55 millones de mexicanos marginados. Aunque hoy la cifra ha bajado al 29.6%, el daño estructural derivado del clientelismo y el modelo rentista priista dejó cicatrices profundas en educación, salud y vivienda.
II. La Radiografía del Poder: De Todo a la Nada
Pasemos a los números actuales (hasta abril de 2026). La pérdida de poder territorial y legislativo es de una brutalidad sin precedentes en la historia moderna de México.
| Hegemonía | Año 2000 | Año 2026 (Alito) | |
|---|---|---|---|
| Gobernaturas | 32 — control total | 12 | 2 (Coahuila y Durango) |
| Diputados | Mayoría absoluta | Tercera fuerza | 37 — 7.4% (quinta fuerza) |
| Senadores | Mayoría absoluta | Tercera fuerza | 13 — 10.1% del pleno |
III. La Era “Alito” Moreno: El Arquitecto del Abismo
Alejandro Moreno asumió el control en 2019. Si su misión era estabilizar el barco post-2018, los resultados son catastróficos. La estrategia de mimetizarse en alianzas (Va por México) solo sirvió para diluir la poca identidad que les quedaba.
Los indicadores de su gestión son lapidarios:
- Hemorragia de Votos: Pérdida de más de 10 millones de sufragios en la última década.
- Desbandada Interna: La militancia colapsó un 73% — de 5 millones a 1.4 millones en 2023.
- Elecciones 2024: Operaron como vagón de cola, obteniendo apenas entre el 9.5% y 11% en la contienda presidencial.
- Motín a Bordo: Más de 250 líderes históricos han exigido su renuncia, acusándolo de secuestrar al partido con estatutos que le permiten reelegirse hasta 2032.
IV. El Veredicto: El Invierno de 2027
Nos acercamos a las elecciones intermedias de 2027 (500 escaños en juego). Sin la inercia de una elección presidencial, el PRI se enfrenta a su prueba de fuego — o más bien, a su prueba de supervivencia. Necesitan el 3% nacional para no perder el registro. La bestia que alguna vez “fabricó” presidentes ahora mendiga oxígeno en forma de alianzas para no desaparecer.
El PRI dejó de ser el “partidazo” hace 25 años. Hoy, su destino oscila entre convertirse en un minúsculo partido “bisagra”, ser absorbido por otras fuerzas (Morena o PAN), o diluirse en los libros de historia junto con el PRD.
Los datos no tienen piedad, no sienten nostalgia y no escuchan discursos. La evidencia demuestra que la agonía del PRI es un hecho consumado.
Jacques Mattes

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