El PAN de Nuevo León: grupos de poder antes que la gubernatura
En el Partido Acción Nacional (PAN) de Nuevo León, la dinámica interna sigue marcada por la influencia de tres grupos clave, liderados por Zeferino Salgado del “Grupo San Nicolás” y su control de la bancada legislativa, Raúl Gracia Guzmán con control sobre estructuras partidistas y alianzas estratégicas y Víctor Pérez con posiciones legislativas federales y cercano al CEN Nacional.
Estos bloques priorizan la preservación de sus cotos de poder, alcaldías metropolitanas, diputaciones y acceso a recursos, por encima de una victoria total en la gubernatura.
Gobernar el estado implica riesgos elevados, como escrutinio público y confrontaciones con el ejecutivo y con un congreso dividido, en alianza con el PRI y confrontado con Movimiento Ciudadano (MC), los partidos aliados a la 4T, algo que estos grupos prefieren evitar.
Adrián de la Garza como candidato ciudadano del PAN: una jugada maestra
Recientes declaraciones de Adrián de la Garza, quien ha afirmado públicamente no pertenecer a ningún partido político en estos momentos, tras su trayectoria priista, abren un escenario innovador.
De la Garza, con su experiencia como alcalde de Monterrey y una imagen de gestión eficiente, podría posicionarse como CANDIDATO CIUDADANO postulado por el PAN.
Esto permitiría al blanquiazul ser el primero en anunciarlo, tomando la iniciativa en la oposición y proyectando una imagen de renovación y apertura a perfiles independientes.
En este esquema, el PAN no solo capitalizaría la popularidad de De la Garza, quien lidera algunas encuestas opositoras con 30% de intención de voto, sino que facilitaría una alianza posterior con el PRI.
El tricolor, aunque debilitado, aún conserva bases leales en el estado y podría sumarse a la coalición sin resentimientos, ya que De la Garza ya no milita en sus filas.
Esta fórmula híbrida —candidato ciudadano del PAN con respaldo priista— evitaría la dispersión del voto anti-MC y anti-Morena, asegurando cuotas de poder para los grupos panistas en ayuntamientos clave como San Nicolás o San Pedro, diputaciones y puestos clave en un eventual gabinete.
Para Gracia y Pérez, esta opción es ideal: reduce fricciones internas por la nominación, donde candidatos panistas puros como Fernando Margáin o Carlos de la Fuente aparecen rezagados, y garantiza continuidad sin asumir el desgaste total de gobernar.
La dirigencia nacional del PAN, aunque renuente a alianzas federales con el PRI, ha tolerado decisiones locales autónomas en Nuevo León, donde el pragmatismo prevalece.
Lo que menos le interesa al PAN es gobernar… directamente
La esencia sigue siendo la misma: estos grupos valoran más el control de feudos locales y redes clientelares que el Ejecutivo Estatal.
Postular a De la Garza como ciudadano panista, anunciarlo primero y sellar una alianza con el PRI, no es una concesión; es una estrategia de supervivencia en un panorama donde MC con Mariana Rodríguez o Luis Donaldo Colosio, y Morena con Judith Díaz, Tatiana Clouthier o Waldo Fernández (Partido Verde) compiten por la hegemonía.
Así, el PAN mantiene relevancia opositora, accede a espacios sin el costo principal y preserva lo que realmente importa: sus bastiones.
Gobernar es secundario; negociar, primordial.


