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La intervención en Venezuela: la lección que no podemos ignorar. México en perspectiva.

Escalada militar y captura de Maduro

En los últimos meses, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha desplegado una impresionante fuerza militar en el Caribe, dirigida principalmente contra Venezuela. Esta fuerza que incluye un portaaviones, al menos siete buques de guerra adicionales, decenas de aviones y alrededor de 15.000 soldados se había empleado inicialmente en operaciones contra embarcaciones supuestamente vinculadas al narcotráfico. Sin embargo, este fin de semana, la escalada alcanzó un punto crítico con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en un ataque a gran escala que culminó con su traslado a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico.


Un régimen cuestionado, pero un precedente peligroso

Pocas personas en México o en la región sentirán simpatía por Maduro. Su régimen ha sido autoritario y represivo, desestabilizando no solo a Venezuela, sino a todo el hemisferio. Un informe reciente de la ONU documenta más de una década de ejecuciones extrajudiciales, torturas, violencia sexual y detenciones arbitrarias contra opositores. Maduro manipuló las elecciones presidenciales del año pasado y ha provocado una crisis humanitaria masiva, con casi ocho millones de venezolanos obligados a migrar, muchos de ellos llegando a México y cruzando hacia Estados Unidos, agravando la presión migratoria en nuestra frontera norte.


Las lecciones ignoradas de la historia

No obstante, la lección más importante de la historia de las intervenciones estadounidenses en América Latina es que intentar derrocar regímenes, incluso los más deplorables, a menudo genera consecuencias peores y más duraderas. Estados Unidos fracasó en estabilizar Afganistán tras dos décadas de ocupación; en Libia, sustituyó una dictadura por el caos; y las secuelas de la invasión a Irak en 2003 aún desestabilizan Oriente Medio. En nuestra propia región, intervenciones pasadas en países como Guatemala, Nicaragua, Chile y Cuba han dejado cicatrices profundas, fomentando resentimiento antiestadounidense y ciclos de inestabilidad que afectan directamente a México.


La postura mexicana y el derecho internacional

Desde México, esta acción unilateral de Trump representa una violación flagrante del derecho internacional y de los principios de no intervención consagrados en la doctrina Estrada y en tratados como la Carta de la OEA. Trump no ha ofrecido una justificación coherente más allá de acusaciones de narcotráfico y deseos de acceso al petróleo venezolano, mientras declara que Estados Unidos “gobernará” temporalmente el país. Esto evoca el peor recuerdo del imperialismo yanqui en nuestro hemisferio y pone en riesgo la soberanía de todas las naciones latinoamericanas.


Impacto directo en México

La crisis venezolana ya impacta directamente a México: el flujo migratorio, la presencia de grupos criminales como el Tren de Aragua en nuestras calles y la volatilidad en los precios del petróleo. Una intervención militar prolongada podría exacerbar el éxodo, aumentar la violencia transnacional y desestabilizar aún más la región, afectando nuestra seguridad y economía.


Diplomacia o caos

Si Trump busca legitimar sus acciones, debe respetar el marco legal internacional y multilateral, no actuar como sheriff unilateral. México, fiel a su tradición de no intervención, debe condenar firmemente esta agresión y abogar por soluciones diplomáticas en foros como la CELAC o la ONU.


Un llamado regional

Mantengamos la esperanza de que esta crisis no derive en un conflicto mayor. Pero tememos que el aventurerismo de Trump traiga más sufrimiento a los venezolanos, mayor inestabilidad en América Latina con repercusiones directas en México y un daño irreversible a las relaciones hemisféricas. Lo que es claro es que esta operación viola el derecho internacional y revive fantasmas del pasado que creíamos superados. Es momento de que la región alce la voz unida por la soberanía y la paz.

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