InicioUncategorizedLa OMS: lenta, omisa y siempre un paso atrás (otra vez)

La OMS: lenta, omisa y siempre un paso atrás (otra vez)

El mundo vuelve a contener la respiración. Apenas ayer, mientras muchos aún arrastramos las secuelas económicas y psicológicas del COVID-19, una nueva cepa de influenza A (H3N2), ya bautizada en Reino Unido como “súper gripe”, obliga a gobiernos a resucitar medidas que creíamos enterradas: cubrebocas obligatorios (esta vez los buenos, KN95 o N95), aislamientos focalizados y cierres parciales en zonas de brotes masivos. Los vulnerables son, nuevamente, los mismos: adultos mayores y personas inmunocomprometidas.

Europa, Norteamérica y partes de Asia reportan cifras récord de ingresos hospitalarios. Alemania, Francia, Italia, España, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Japón ya admiten picos históricos de esta variante. Y, como siempre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) observa desde Ginebra, emite comunicados tibios y promete “evaluar en las próximas semanas” si estamos o no ante el inicio de una nueva pandemia.

El patrón es idéntico al de 2020: primero minimizar, luego sorprenderse, después correr detrás del virus pidiendo disculpas por la tardanza. La OMS vuelve a demostrar que su burocracia es más lenta que cualquier coronavirus o influenza conocida. Cuando finalmente declare (si lo hace) la emergencia sanitaria global, los sistemas de salud de medio planeta ya estarán colapsados y millones de personas habrán vuelto a perder la confianza en las instituciones que deberían protegerlas.

No se trata ya de si esta H3N2 se convertirá o no en pandemia; se trata de que, una vez más, estamos reaccionando en lugar de anticipar. Tenemos vacunas contra la influenza estacional que podrían actualizarse en meses, pruebas rápidas abundantes, experiencia acumulada y lecciones pagadas con millones de muertos. Y aun así, la máxima responsable de la salud global se toma “semanas cruciales” para decidir si suena o no la alarma.

Los ciudadanos no podemos seguir tolerando que la misma organización que falló estrepitosamente en los primeros meses del COVID-19 repita exactamente el mismo guion. Necesitamos una OMS que actúe con rapidez, transparencia y autoridad real, no un club diplomático que prioriza el consenso político sobre la evidencia científica.

Mientras tanto, la recomendación es clara y no espera comunicados: si está en una zona afectada, use mascarilla de alta eficiencia, vacúnese contra la influenza aunque esta cepa no esté incluida aún en la fórmula cuádruple, lávese las manos y evite aglomeraciones. Porque, lamentablemente, la protección efectiva volverá a depender más de la responsabilidad individual que de la diligencia de quienes cobran por cuidarnos a todos.

Que esta “súper gripe” no nos tome desprevenidos no es responsabilidad solo nuestra; es, sobre todo, el examen pendiente que la OMS lleva años reprobando.

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