Primer lugar en todo…

La mentira como método de gobierno

La mentira, tarde o temprano, exige más mentira para sostenerse. Es una ley de vida y también de política: una falsedad inicial requiere de un andamiaje cada vez más complejo de nuevas falsedades hasta que el castillo de naipes se derrumba. Cuando un gobierno convierte la mentira en método habitual, no solo pierde credibilidad; pierde capacidad de gestión. La planeación se desordena, la técnica se vuelve propaganda, la coordinación se sustituye por improvisación y la visión de futuro se reduce a la próxima publicación en Facebook, TikTok o Instagram.

Eso es exactamente lo que hemos visto en los últimos cuatro años en Nuevo León bajo el gobierno de Samuel García.

Desde el día uno, este sexenio se ha caracterizado por anuncios espectaculares, promesas sin sustento financiero ni técnico, obras que se inauguran tres y cuatro veces antes de estar terminadas (y a veces ni siquiera iniciadas) y una gestión pública que parece diseñada más para generar “trendings” en redes sociales que para resolver los problemas reales de los nuevoleoneses.

Carreteras que se “entregan” cuando aún no están terminadas, líneas del Metro que “ya circulan” en renders mediante, presupuestos que siguen creciendo y una deuda pública que aumenta a ritmo acelerado mientras el gobernador presume “finanzas sanas” con gráficos de colores chillantes.

Cuando la propaganda sustituye a la gestión

El resultado es previsible: caos administrativo, obras eternamente “en proceso”, “licitación” o “a punto de iniciar”, proveedores que no saben si les alcanzará con el presupuesto inicial propuesto, proyectos que se cancelan o modifican cada seis meses y un sistema de transporte que, por más esfuerzos que se realizan, no se ve que beneficie al ciudadano de a pie, que pierde hasta 6 horas de su día para trasladarse a su trabajo o estudios.

Lo que sí está claro es que hay una ciudadanía cada vez más escéptica que ya no cree ni en el “ya merito” ni en el “en unos días más”.

La pregunta que cada día se vuelve más incómoda para el gobernador, es sencilla:

¿Le alcanzará el tiempo a Samuel García para entregar aunque sea una parte mínima de lo que ha prometido antes de que su atención se traslade definitivamente a la persecución de su próximo cargo?

Porque una cosa es segura: las redes sociales no pavimentan carreteras, no construyen hospitales, no resuelven el abasto de agua ni controlan la inseguridad. Y cuando llegue el momento de rendir cuentas reales (no likes ni comentarios), los nuevoleoneses no van a juzgar al gobernador por la cantidad de reels publicados, sino por la cantidad de obras terminadas, de problemas resueltos y de promesas cumplidas.

Hasta ahora, el saldo es francamente pobre.

Nuevo León merece algo mejor

Nuevo León merece un gobierno que planifique en escritorios técnicos y no en estudios de grabación, que hable con hechos y no con números no verificables, que entienda que la confianza ciudadana se gana con resultados y no con filtros de Instagram.

Mientras eso no ocurra, seguiremos viendo el mismo espectáculo triste: más anuncios grandilocuentes, más renders, más “ya merito”… y cada vez menos credibilidad.

Y al final, como siempre, la mentira terminará cobrando su factura.

Solo falta ver quién la paga: si el gobernador que se va tras su siguiente aventura política, o los ciudadanos que se quedan con las obras inconclusas y las promesas rotas.

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