InicioEditorialColumnas y EditorialesEl ruido nos devora en silencio

El ruido nos devora en silencio

Hace tiempo que dejamos de observar, ya ni miramos… la función de nuestros ojos cambió. hoy su uso principal es de filtro de la pantalla de los teléfonos inteligentes y rastrear dopamina.

Placer o morbo es la misión. Entre clics, scroll y notificaciones, nuestros ojos esperan ansiosos por más shots de experiencias invisibles. Vivimos bajo el yugo de la dopamina. Ya no se piensa, solo se reacciona. Hemos dejado la atención por atender las necesidades del algoritmo.

Tengo tiempo narrando algunas experiencias de mis inicios en el mundo digital hace 25 años. Hablé acerca de las bondades iniciales y de ese mundo que se abría ante nosotros lleno de oportunidades. Poco a poco los continentes volvieron a unirse como un Pangea de la comunicación. Con el paso de los días la gente le fue perdiendo el miedo a opinar, comentar; le tomó gusto al odio y a las críticas destructivas, otros llenaron de morbo y sin sentido los espacios digitales.

Cuando el mundo se dio cuenta que podía hablar, no recordó que pocos tenían algo importante que decir. Así el contenido sin conciencia se volvió norma. Cambiamos el criterio por likes, luego los más atrevidos comenzaron a crear conversaciones sobre la nada. La estrategia de desarrollar pensamiento crítico cambió por la de construir un personaje que busca el tráfico no la reflexión. La fórmula cambió y quitamos el interés en la relevancia para darle espacio al ruido, quitamos el valor por la visibilidad.

La digitalización del mundo, supongo es parte de nuestra historia, pero somos las personas las que convertimos esto en un pantano. Dejamos en la banqueta la búsqueda de sentido y preferimos el perpetuo entretenimiento. Al final en nuestros pequeños y rústicos metaversos, siempre se será mejor contradiciendo las evidencias del mundo físico.

Ojalá recuperemos la atención y la intención a lo que nos hace únicos, ojalá que en la búsqueda de nuestras verdades volvamos a las historias que nos legitiman, que comencemos una rebelión contra ese status quo de lo digital. Recuerda que el algoritmo no tiene corazón, pero nosotros sí.

Artículo anterior
Artículo siguiente

Recientes

Más contenidos