InicioEditorialColumnas y EditorialesEl Auto-Tinder: una reflexión sobre el amor propio en tiempos digitales

El Auto-Tinder: una reflexión sobre el amor propio en tiempos digitales

Imagina que estás en tu sillón favorito después de un largo día. Una mano sostiene una copa de vino, la otra desliza sin cesar por Tinder, debatiéndose entre la atracción y la intuición. Es un movimiento rápido, casi automático. Una sonrisa te gusta, un gesto te repele, un texto te intriga, pero no lo suficiente. Así pasas otra noche navegando entre opciones y riesgos.

De pronto, aparece tu propio perfil. Tu rostro sonriente intenta conectar; lees la descripción que tanto te costó redactar. ¿Le darías match a tu versión digital o pasarías de largo?

Puede parecer un juego, pero encierra una verdad incómoda: seguimos buscando gustarle al mundo sin preguntarnos si nos gustamos a nosotros mismos.

Nos esforzamos por construir una imagen atractiva —no solo en redes, también en la vida—. Llevamos la máscara del yo soy, del yo puedo, del mírenme, aunque en el fondo sepamos que no somos del todo eso. Nace la foto, la pose, la frase ingeniosa asistida por inteligencia artificial. A veces ni nosotros sabíamos tanto de nosotros. ¿Será verdad?

Pocas veces nos detenemos a revisar si ese personaje realmente nos representa o si lo fabricamos para obtener aprobación.

Cuando la validación externa reemplaza la interna, empezamos a vivir en función del “me gusta” ajeno, y entre más lo hacemos, menos nos agradamos.

Nos alejamos de nuestra esencia, de lo que nuestra alma reconoce como verdad. Sacrificamos el soy por el aparento. En la búsqueda de amor, olvidamos el amor propio.

Imagina que Tinder tuviera la función de “auto-tinder” y cada semana te mostrara tu perfil. ¿Qué tan “auto-popular” serías? El verdadero amor nace en el espejo y crece en las acciones auténticas que mostramos al mundo. Amar-se no es ego, ni narcisismo. Es un acto brutalmente honesto: reconocer que somos una obra en proceso, con luces y sombras, y aun así abrazarnos.

Porque el amor propio es el punto de partida de todo lo demás. Primero me doy oxígeno a mí, luego a los demás. Y cuando te mires de nuevo al espejo en ese auto-tinder interno, hazte la pregunta: ¿Le daría match a esa persona?

No temas si la respuesta es “no”. Ese no despierta tu consciencia y pone en marcha el cambio. El amor, dicen, se construye cada día. Y tienen razón. Pero el primer ladrillo siempre será el amor propio.

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