De la queja a la acción

Las quejas siempre han sido parte de nuestras pláticas. Las escuchamos en todos lados: en las calles, en las redes sociales, en las cenas familiares, en las reuniones con amigos. La mayoría de ellas están relacionadas con los políticos, los servicios públicos, las calles, la inseguridad, la violencia, el tráfico o la contaminación.

Pero pocas veces he escuchado —o me he escuchado a mí mismo— reconocer que, en muchos casos, la solución podría estar en nosotros.

La transformación real siempre comenzará con nosotros como comunidad. Debemos comprender que la queja es totalmente humana y válida, pero cuando se convierte en nuestra única forma de comunicarnos, deja de ser una expresión y se transforma en un síntoma.

Durante años hemos delegado la responsabilidad del bienestar y de una vida digna a los gobiernos, a los líderes, a las instituciones. Pero, ¿qué sucedería si empezamos a transformar desde nuestro día a día aquello que nos aqueja? Sé que no todo está en nuestras manos, pero un poco de actitud podría cambiar mucho esta sensación de molestia que todos compartimos.

La diferencia entre una sociedad pasiva y una activa no está en los recursos, sino en la voluntad de querer una mejor calidad de vida. Cuidarnos entre todos, no tirar basura, no contaminar, mantener nuestros espacios en orden, ayudarnos, entendiendo que todos vivimos en la misma comunidad.

Pasar del “modo queja” al “modo acción” no requiere de milagros, sino de actitud.

¿Por qué no pasamos de espectadores a protagonistas?

Podemos convertirnos en comunidades con propósito. Hoy tenemos todas las herramientas para organizarnos, denunciar, proponer y unirnos por el bienestar común.

¿Qué les parece si, en lugar de solo señalar lo que está mal —que también es necesario—, nos reunimos para construir lo que puede estar mejor?

Las comunidades empoderadas no piden permiso. Se organizan, participan y actúan de la mano de quienes deben responder: los gobiernos.

Este país puede cambiar, esta ciudad puede cambiar, esa colonia puede cambiar, esa calle puede cambiar… cuando, en lugar de que nos escuchen, hagamos algo que valga la pena escuchar y replicar.

Recientes

Más contenidos