Las relaciones son cada vez más tóxicas en tiempos modernos. Me refiero con tóxico a los vínculos que distorsionan la armonía y desequilibran la esencia destruyendo la relación por dejar de lado lo esencial: compartir, aceptar y dejar ser.
Una relación está condenada a ser tóxica cuando se desconoce la esencia del ser humano, es decir, la verdad que habita en un uno mismo; lo que nos define y nos hace ser. La toxicidad comienza con uno mismo por falta de reconocimiento y aceptación, es como se busca una necesidad innecesaria externa con un principio materialista, una idea creada por el ego.
El peligro está en materializar una necesidad desde la ausencia de autoconocimiento, la escasez; pues saber la verdad de si mismo, la necesidad de tener como principal objetivo carece de sentido. No hay maldad si se tiene por tener, el peligro está cuando la verdad de si mismo se basa en tener.
El ego es responsable de crear toxicidad entre el mundo interno y el externo cuando la identidad se basa en lo externo. La presencia es el hogar del mundo interno, del ser; vivir en presencia es estar con uno mismo por lo que la distorsión entre ambas genera toxicidad, un veneno que corroe el ser hasta desaparecer.
La construcción materialista del ser humano donde la identidad se basa en el mundo externo, es el autoengaño que condena la destrucción propia y la de otros. La aceptación interna de lo que es, no busca cambiar para merecer y pertenecer. La atención al presente es evolución, pues la auto-observación, es el camino a la expansión del ser.
Según en Oriente, existen dos tiempos que Occidente debe eliminar para la felicidad, el pasado y el futuro. Prestar atención en cualquiera de estos tiempos, no tiene nada que ver con uno mismo y la felicidad, sólo se manifiesta adentro como el resultado profundo de aceptar el mundo interno y el externo.
Buscar, desear o necesitar carecen de sentido cuando la atención está en el presente. La razón es simple; el ser sólo sabe expresarse a si mismo, mientras el ego crea vacíos. Sentir necesidad, es la antesala de la expresión cuando existe autoconocimiento y no la insaciable búsqueda de tener para ser.


