Desde 2019 y hasta esta semana, existió un restaurante que rápidamente se convirtió en la sede terapéutica de un grupo de amigos que se reunían a hablar de todo y nada, como usualmente se hace, así como es la vida de los hombres. Con el tiempo, nuestro pequeño grupo se auto-reguló y se transformó en un espacio informalmente terapéutico y formalmente confidencial, en donde pudimos compartir más que futbol, libros y series.
El A´ri.na era un restaurante con buena comida, excelente servicio y una terraza que disfrutamos muchas mañanas de nuestras vidas, haciendo una pausa solo durante los primeros meses de la pandemia, y convirtiéndose en una de esas cosas que extrañabas hacer mientras estábamos en el encierro. Hace tiempo dejamos de ir. El servicio decayó, los precios subieron y la experiencia perdió brillo. El cierre reciente me hace reflexionar: ¿fue la recesión, la competencia, o simplemente la costumbre regia de cansarse pronto de los lugares?
Me pongo a reflexionar si fue la recesión que estamos viviendo la que lo llevó al cierre, aunque desde antes ya habíamos dejado ir. Tal vez subió mucho la renta, creció la competencia o pasó algo que es común en Monterrey: la gente se cansa de los lugares y busca nuevas opciones por encontrar una novedad o, al menos, la sensación de ella. Pocos restaurantes han trascendido este enfoque de moda y novedad.
En las empresas se menciona mucho el término growth mindset o mentalidad de crecimiento. Más que una moda —a diferencia de los restaurantes—, esta idea encierra un principio profundo: lo que creemos acerca de nuestras propias capacidades determina hasta dónde podemos llegar e incluso hasta dónde nos podemos mantener.
En tiempos retadores y de cambio acelerado es importante reflexionar sobre nuestra propia mentalidad. Las mentalidades fijas confían en que su inteligencia y talento son todo lo que se necesita y se vuelven inamoviblemente rígidas. En cambio, las mentalidades de crecimiento buscan caminos nuevos, aprendizajes constantes y entienden el fracaso con resiliencia y como una oportunidad de transformación, más que verlo como el resultado permanente de una acción.
Cinco consejos para cultivar una mentalidad de crecimiento
- Replantea el error como oportunidad de aprendizaje. Cada equivocación es información valiosa sobre cómo mejorar. Pregúntate: ¿qué puedo aprender de esto? Y, más importante, ¿qué hago para que no vuelva a suceder?
- Cambia el “no puedo” por “aún no puedo”. Añadir ese aún abre la puerta a la posibilidad y al progreso. No puedo hoy, pero lo que sí puedo es investigar, aprender, pedir ayuda… y mañana sí podré.
- Rodéate de personas que te reten. Estar con quienes piensan diferente a ti expande tu visión y te obliga a crecer.
- Celebra el proceso, no solo el resultado. Reconoce tu esfuerzo y constancia, incluso en los pequeños avances.
- Mantén viva la curiosidad. Haz preguntas, explora temas nuevos y permite que el asombro sea tu motor.
La verdad, echo de menos aquellas charlas en el A´ri.na, que hoy se han trasladado a otra sede que nos ha estado funcionando muy bien. ¿Será que parte del entrenamiento del personal de un restaurante debe ir más allá de la comida y el servicio? ¿Una mentalidad de crecimiento podría haber abierto la puerta a nuevas propuestas? “Renovarse o morir”, dice el dicho. En este caso, quizá sería más adecuado: mentalidad de crecimiento o cerrar las puertas.


