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La Conexión del Grapet y las Mentiras de los 80’s

Se dice que el pasado no es más que una película distorsionada —y muchas veces editada— que nuestra mente reproduce cada vez que queremos recordar. Por eso, muchas veces volvemos con la ex-pareja tóxica o regresamos a trabajar a ese lugar donde fuimos maltratados. Las memorias se transforman y se modifican, convirtiendo nuestro pasado en la historia que nos contamos… y no necesariamente en lo que realmente ocurrió.

Esta semana empecé a ver la serie Mentiras, basada en el musical del mismo nombre, ambientada en los años 80 y llena de referencias de la época. Un nostálgico viaje a mediados y finales de una década que me tocó vivir de adolescente y que me trae grandes recuerdos. La serie engancha mucho, no sólo por las baladas románticas —que debo confesar que en esa época no eran lo mío, yo era más bien rockero—, pero que ahora reconozco que me sé todas las canciones y reconozco a muchos artistas. Lo que más me atrapó son las referencias físicas y verbales a un período muy importante en mi vida. 

En ese viaje reflexivo recordé algo muy peculiar.  En Monterrey, específicamente en la colonia Del Valle, en una zona llamada “El Centrito”, había una panadería que se llamaba Panificadora del Valle. Ahí, mis padres me llevaban desde niño y me compraban un refresco de uva llamado Grapet. Una pequeña botella de vidrio, con un líquido morado sin gas, que para mí era la gloria. Muchos años después descubrí que la bebida se había relanzado, ahora en envase de plástico. Pero también descubrí que no sabía igual.

Es que no es sólo la fórmula; tampoco el cambio de envase. Hoy entiendo que el Grapet es, para mí, una conexión emocional con el pasado. Es el recuerdo de momentos mágicos en familia, de personas que ya no están. Así funcionan los recuerdos… o más bien, no funcionan; digamos que operan en niveles donde las fotos, las canciones o la comida se vuelven detonadores de experiencias. No son los mejores tacos del mundo —especialmente cuando vuelves a esa ciudad años después y los pruebas de nuevo. Incluso pueden parecer mediocres—, pero fueron los mejores tacos en ese momento, en esa experiencia creada en el proyector mental del pasado.

Lo curioso es que, aunque la bebida ya no sabe igual y los tacos no fueron los mismos, algo en nosotros sigue buscando ese instante perdido, ese momento de conexión a nuestra historia. Los seres humanos entendemos que no debemos quedarnos en el pasado, la vida funciona más bien hacia adelante.  Pero los momentos de nostalgia son para recordarnos lo que fuimos capaces de sentir. Y en ese sentido, tal vez los 80’s sí nos mienten con recuerdos editados… pero son nuestra mentira, como esas canciones que hoy cantamos sin vergüenza, como ese sabor que sigue viviendo más en mi alma que en el paladar.  Recordar si es volver a vivir.

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