Lágrimas de guerra

La tarde del 30 de abril del 2024 una lágrima cayó sobre la ciudad de Hiroshima en forma de bomba a unos 6 mil pies de altura sobre el vuelo que emprendí a mi regreso de la maravilla territorial llamada Japón. Una lágrima que no impactó a 12 kilómetros cuadrados, si no a los 378 mil kilómetros cuadrados que componen su territorio; que tampoco impactó a 40 mil personas, sino que permeó a más de los 125 millones de personas que habitan en dicho territorio. 

Una lagrima cargada de amor y de gratitud por haber aprendido lo que es la atención, servicio, respeto al prójimo, la comunidad y el bien social como propósito, mismo acto que conlleva al orden y a la sincronicidad que armoniza todo propósito. Una lágrima que desconoce el principio y final, una lágrima que representa la empatía, la renovación, que transmite fe, esperanza, perdón, reconciliación, conciencia y paz. 

Una lágrima como símbolo de una guerra que ganó el pueblo a pesar de haber perdido la batalla aquel 6 de agosto de 1945. Una victoria que hoy causa lágrimas por sólo observar y contemplar el comportamiento social, respeto, armonía, cortesía, aceptación, integración y cooperación; un pueblo que aporta unificación y construcción, no lo contrario. Deseo que esta lágrima nunca se seque en todo su territorio. 

Al pueblo japonés… ¡Gracias por todo!

Esta fue la carta que escribí a mi regreso de mi viaje a Japón en abril del 2024. Una de las experiencias de viajes más destacadas que he tenido en mi vida, si no es que la mejor. Como lo mencioné en la carta, un viaje lleno de aprendizajes, principalmente de recordar la esencia del ser humano a partir del renacer. 

Hoy, vivimos un mundo lleno de lágrimas de guerra, donde cada vez se expande en el territorio global donde desconocemos el final del juego del ego, pues al final desconocemos de sus límites y sus capacidades para destruir lo que se nos ha regalado como permiso, no como derecho… la vida. 

La lágrima que cayó en forma de bomba amorosa aquel día que tomé el vuelo de regreso a casa, se expande de forma global donde el materialismo, poder y ausencia de autoconocimiento son los protagonistas de lo que somos testigos deseando que el reconocimiento a nuestra auténtica identidad sea observada por nosotros mismos para que el rumbo de nuestras acciones nos conduzcan a casa, la armonía y paz.

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